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sábado, 12 de octubre de 2019


Corazones Tentados a Pervertir las Cosas del Señor

Según el diccionario de La Real Academia Española, pervertir significa “corromper las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas”. Ahora bien, en el cristianismo es muy común que prácticas que son buenas para la vida y adoración a Jesucristo, nosotros las “pervertimos”, es decir, les damos un uso que no fue diseñado por Dios originalmente.

Tomemos la historia de la Serpiente de Bronce en el libro de Números capítulo 21. El pueblo peca, es castigado por Dios y comienza una mortandad, y Dios mismo da una fuente de restauración: le pide a Moisés que haga una serpiente sobre un asta y quien fuere mordido y volteare a la serpiente vivía. Lo que en ese tiempo fue una muestra de la fe del pueblo y muestra de la misericordia de Dios, en el segundo libro de Reyes nos detalla que el pueblo lo había convertido en una fuente de idolatría.  

“En el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz rey de Judá. Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán (Cosa de Bronce)” 2 Reyes 18:1,3-4

Como pueden darse cuenta es latente que nos hagamos prisioneros del ritual, que pongamos los ojos en el recurso que Dios hizo en lugar de tener una relación con Dios mismo. No convirtamos fuentes espirituales que Dios dejó para formar nuestro espíritu como el de él en fuentes desagradables delante de Dios. Recordando el Sermón del Monte en donde nuestro Señor ejemplificó esta conducta referente a las ofrendas, en donde aclaró lo siguiente:

“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Mateo 5:23-24

En el caso de las epístolas vemos como los Corintos tomaron la ordenanza de la Cena del Señor como medio ritualístico, de nuevo, la perversión de algo bueno:

“Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” 1 Corintios 11:17,20,27-28,30

Les invito hermanos, incluyéndome, no seamos tentados a creer que la práctica de algún ritual importa más que nuestro corazón. Un corazón obediente al Señor embellece la práctica.

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